Jorge Villasante cuenta con poco más de 70 días en el cargo, es el ministro de Agricultura número seis de esta administración y el responsable de apagar las luces. Reconoce que es poco lo que ha podido hacer en este despacho, mas allá de dejar las cosas en orden para la transición.
Villasante defiende las anteriores gestiones frente a los cuestionamientos referidos a que se descuidó el agro rural en favor de la agroexportación. Para ello, saca a relucir las cifras de reducción de la pobreza. Eso sí, lamenta el pobre resultado del programa de competitividad para la agricultura, cuyo objetivo era enganchar con las oportunidades que generan los tratados de libre comercio (TLC). Este programa manejaría unos US$700 millones en cinco años, y hasta el momento se han desembolsado solo S/.6,8 millones.
También afirma que en cinco años se ejecutaron más de 15.500 proyectos de inversión por S/.322 millones, desde construcción de infraestructura productiva, como presas, canales de riego, entre otros. Además, resalta que en uno o dos años habrá 150 mil nuevas hectáreas para la agroexportación, gracias a los proyectos de irrigación en camino.
Se cuestiona que esta administración se centró en la agroexportación y no hubo mayor impulso a la agricultura rural, la cual no se engancha a la modernidad, como ya ocurre en el agro de la costa.
Hay quienes dicen que hemos dejado de lado el área rural; pero si vemos un dato interesante, como es la pobreza rural, esta se reduce más de 16%. Lo cual no es solo por programas sociales, sino por las mejoras productivas en esas zonas. Este solo hecho validado nos permite señalar que no es cierto que la agricultura de la sierra ha sido abandonada.
¿Qué pasó con el programa de competitividad para el agro? Este tuvo idas y venidas, avances y retrocesos, y el resultado es pobre.
No crea, yo también me digo: si tengo recursos por qué no avanzo más. Entonces, allí el tema pasa por buscar lo perfecto. Creo que hubo un gran problema de prolongar la estructura y diseño del programa, y no ir más a la parte operativa, bajo la expectativa de tener la capacidad necesaria para avanzar más agresivamente en el tema.
¿Cómo llamamos a eso: burocracia?
Burocracia, demasiada pasividad de la gente. Es un tema de gestión, de no tomar conciencia de que el Estado debe ser mucho más ágil, que no nos debe vencer la burocracia.
La puerta abierta
Este gobierno será recordado por abrir las puertas a los cultivos de semillas transgénicas en el campo, luego de publicar en abril pasado el reglamento de bioseguridad y recibir una ola de comentarios negativos. Seguidamente, decidió observar el proyecto consensuado por el Parlamento en favor de 10 años de moratoria para estos cultivos.
¿Por qué observar el proyecto de ley de los transgénicos?
Hubo varios factores de por medio, como por ejemplo, que el Ministerio del Ambiente era la autoridad nacional en estos temas. En este caso, dejaba de tener competencia no solo el despacho de Agricultura sino Salud y el Produce. ¿Eso es bueno? Creemos que hay niveles de competencia sectoriales que deberían mantenerse. Es cierto que nadie puede garantizar que se elimina el riesgo de alguna polinización a nuestra biodiversidad. Nadie. Tampoco puedo garantizar que el Estado evitará los accidentes de tránsito.
¿La marca Perú no se vería afectada?
No es cierto. En el supuesto que se autorizara el uso de semilla en el país, la evaluación tendrá que responder a una zonificación de dónde se puede y dónde no se puede cultivar los transgénicos para no afectar nuestra biodiversidad.
¿Lo primero no era solucionar los vacíos, relacionados con una falta de zonificación y de capacidades técnicas?
Todo eso hay que hacerlo en 10 años. Yo creo que la gente debe ser clara: ¿quiere o no quiere transgénicos? Ese debería ser el debate. (El Comercio)
Fuente: ADEX
Publicado por: Agricultura del Perú

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